Keiko Fujimori encabeza las encuestas presidenciales frente a un techo de cristal: la cuarta postulación del fujimorismo

La candidata de Fuerza Popular lidera las encuestas, aunque nunca ha ganado una segunda vuelta. ¿Lo logrará en su cuarto intento?



 
Por Leonardo Serrano Zapata

En el marco del Día Internacional de la Mujer, Keiko Fujimori se presentó en el programa Punto Final de Latina Televisión, conducido por Mónica Delta. Durante la entrevista, la lideresa de Fuerza Popular abordó temas de coyuntura nacional, presentó los ejes de su plan de gobierno y respondió preguntas directas sobre su trayectoria política, los cuestionamientos que ha enfrentado y sus compromisos de cara a las próximas elecciones.

Fujimori abrió la entrevista con una crítica frontal al gabinete presidido por Denisse Miralles, al que calificó de ineficiente ante la acumulación de crisis: las inundaciones, el colapso energético y, en particular, la suspensión de clases presenciales por una semana. Señaló que "el 75% de los niños asiste a colegios públicos y entre el 85% y el 90% llega caminando; prohibirles asistir es vulnerar su derecho a la educación". Comparó la medida con el fracaso de la virtualidad durante el COVID-19 y advirtió que, si el Ejecutivo no la anula, Fuerza Popular votará en contra de la confianza al gabinete —postura que, sumada a la de Renovación Popular, reduce considerablemente sus posibilidades de sobrevivir el trámite parlamentario.

Populismo electoral de derecha
 




















La candidata prometió duplicar los montos de los principales programas sociales: Pensión 65, de 350 a 700 soles; Contigo, de 300 a 600; Juntos, de 200 a 400; y establecer una pensión mínima ONP de 800 soles. Todo ello sin ofrecer una hoja de ruta financiera que explique el origen de los recursos ni cómo se compatibilizan estos compromisos con la meta de reducir el déficit fiscal al 1% del PIB. A ese vacío se suma una promesa igual de ambiciosa y huérfana de sustento técnico: construir 5.000 colegios en cinco años —dos por día—, respaldada únicamente por la memoria del gobierno de su padre, el dictador Alberto Fujimori, hace casi tres décadas. Un conjunto de anuncios que, lejos de constituir política pública seria y responsable, se inscribe cómodamente en la tradición del populismo electoral de derecha: cifras grandiosas, aplausos garantizados y cuentas que nadie explica.
Al cierre de la entrevista, Delta preguntó a Fujimori si la política le había costado el distanciamiento de sus seres queridos. La candidata respondió con una serenidad que sorprendió al estudio: "Los momentos difíciles me acercaron a Dios y me permitieron saber que mi familia está a mi lado. Hoy tengo 50 años, ya no tengo a mi padre ni a mi madre, estoy divorciada, y me siento más fuerte, más serena y con más experiencia que nunca".

Las encuestas hablan: Fujimori sube al primer lugar, López Aliaga cae



 
Keiko Fujimori lidera el sondeo con el 10,7%, superando por primera vez en este proceso electoral a Rafael López Aliaga, quien retrocede al segundo lugar con el 10%. Respecto a la medición anterior de Datum, realizada en febrero, el movimiento es significativo: Fujimori sube un punto (de 9,7% a 10,7%), mientras que López Aliaga cae 3,4 puntos (de 13,4% a 10%), una caída que supera el margen de error.



  
Más allá de los números, el dato político más relevante es el crecimiento de Wolfgang Grozo, que pasa de 1,4% a 4,2%, y se convierte en la sorpresa de esta fotografía estadística. Un dato que Fujimori no pasó por alto: el 40% del electorado aún no ha decidido su voto. En una campaña tan fragmentada, ese bloque representa el verdadero premio mayor que muchos disputarán —entre ellos César Acuña, que subió de 3,0% a 5,2%.
 















Alberto Fujimori: ¿villano o héroe?
 




En 2013, Alberto Fujimori intentó integrarse al Senado de Japón y, en una enérgica campaña, se autoproclamó "el último samurái", apropiándose de un símbolo de honor, rectitud y lealtad que el propio Bushido —código ético del guerrero japonés— define con precisión implacable.

La ironía es difícil de ignorar: el mismo hombre que invocaba los valores del guerrero nipón había sido condenado a 25 años de prisión por las masacres de Barrios Altos y La Cantuta; sentenciado a siete años y seis meses adicionales por el pago de 15 millones de dólares a su exasesor Vladimiro Montesinos como supuesta compensación por servicios prestados —delitos de peculado doloso y falsedad ideológica en agravio del Estado, confirmados por la Corte Suprema—; y señalado como deudor de 51 millones de soles en reparaciones civiles que nunca llegó a pagar.

Entre 1996 y 2000, durante su régimen, el Estado peruano ejecutó un programa de planificación familiar que derivó en una política marcada por miles de esterilizaciones forzadas, sin consentimiento libre e informado. Las principales víctimas fueron mujeres indígenas y campesinas de zonas rurales, muchas de ellas en situación de pobreza y con barreras lingüísticas frente al sistema de salud.

Que llevemos más de dos décadas debatiendo si Fujimori fue un villano, un antihéroe o un estadista que "simplemente cometió errores" no es una curiosidad historiográfica: es un síntoma de parálisis política. Un auténtico samurái, según el Bushido, actúa con rectitud (Gi), valentía (Yu), benevolencia (Jin), respeto (Rei), honestidad (Makoto), honor (Meiyo) y lealtad (Chuugi). El expediente judicial de Alberto Fujimori contradice, punto por punto, cada uno de esos siete principios.

En diciembre de 2017, el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski le concedió un indulto humanitario —figura legal que extingue la pena por razones de salud—, liberándolo anticipadamente en medio de una escandalosa negociación política que terminó salpicando a su hermano Kenji Fujimori y al propio Kuczynski.

Elecciones 2021: el verdadero rostro del fujimorismo



 
En las elecciones generales del 2021, Keiko Fujimori y su partido cuestionaron abiertamente los votos provenientes de las comunidades Awajún de la provincia de Condorcanqui, en la región Amazonas. El argumento implícito era tan simple como revelador: esos votos no podían ser válidos porque no la favorecían. Poner en duda el sufragio del pueblo Awajún no fue un cuestionamiento técnico-electoral; fue un acto de desprecio hacia la legitimidad democrática de un pueblo indígena que había sido masacrado en 2009 por el gobierno de Alan García y que acumula hoy más de 800 denuncias por víctimas de violencia sexual contra estudiantes.

En esa segunda vuelta, Keiko Fujimori obtuvo apenas el 9,3% (1.446 votos) del total de sufragios válidos en toda la provincia de Condorcanqui. No fue un rechazo circunstancial: Pedro Castillo, quien obtuvo el 90,6% (14.024 votos), nunca visitó la provincia durante la campaña, lo que hace aún más elocuente la magnitud de ese respaldo. Este episodio no es un detalle menor en la historia reciente del fujimorismo: es una evidencia documentada de cómo, cuando los resultados no acompañan, la respuesta no es la autocrítica sino la deslegitimación del otro; en este caso, de comunidades indígenas organizadas que ejercieron su voto soberano con plena conciencia.

La pregunta no es nueva: ¿volverá Keiko Fujimori a ser derrotada en una segunda vuelta? El escenario sugiere que podría repetir su patrón histórico —llegar a la segunda vuelta—, pero la interrogante que el fujimorismo no ha podido responder en tres intentos permanece intacta: ¿serán suficientes las propuestas populistas para conquistar a ese 40% que aún no decide? ¿Qué cambia esta vez para que el resultado sea favorable?





Comentarios

Síguenos en nuestras redes sociales

Sígueme en YouTube Sígueme en TikTok  Sígueme en Twitter

Entradas más populares de este blog

¡ROSEMARY PIOC TENAZOA, LE MINTIÓ AL PAÍS!

El doble discurso de Rosemary Pioc Tenazoa, defensora de los estudiantes de Condorcanqui

ROSEMERY PIOC TENAZOA VUELVE A MENTIRLE AL PAIS

EL CASO CONDORCANQUI, AÚN QUEDA ESPERANZA.

Crisis institucional en Condorcanqui: tres mujeres cuestionadas

Directora de UNESCO Perú participó en reunión oficial en Amazonas junto a docente destituido por presunto hostigamiento sexual a menor de 12 años