Marilú Martens vs la creación de universidades públicas: ¿crítica técnica o agenda política?
Por Leonardo Serrano Zapata
En 2025, el Congreso aprobó la Ley N.° 32461, que crea veinte nuevas universidades nacionales en diversas regiones del país. La medida ha generado un debate que vale la pena analizar con rigor, más allá de las declaraciones políticas.
La exministra de Educación Marilú Martens, hoy directora de CARE Perú, criticó duramente la iniciativa en el programa Cuarto Poder. Según ella, fundar universidades solo mediante ley —sin planificación territorial, sin financiamiento asegurado, sin infraestructura y “sin docentes calificados”— conduce a instituciones meramente nominales: que existen en el papel, pero no en la práctica académica. Su argumento tiene peso. Pero también presenta contradicciones que merecen examinarse.
Defender la calidad universitaria no es lo
mismo que oponerse a la universidad pública, ni mucho menos a la creación de
nuevas universidades.
Comisiones organizadoras y su rol en
el licenciamiento de universidades públicas
La Ley N.° 30220, Ley Universitaria,
establece en su artículo 29 que, una vez aprobada la ley de creación de una
universidad pública, el Ministerio de Educación constituye una comisión
organizadora a su cargo. Esta comisión tiene la responsabilidad de aprobar el
estatuto, los reglamentos y los documentos de gestión académica y
administrativa, y de conducir la institución hasta que se constituyan sus
órganos de gobierno. La competencia para constituir y reorganizar estas
comisiones recae formalmente en el Despacho Viceministerial de Gestión
Pedagógica del MINEDU.
Esta lógica no es nueva. La política
universitaria peruana sigue un patrón conocido: primero el Congreso aprueba
universidades por presión política o demanda regional; luego el Ejecutivo
regula su funcionamiento. Durante la gestión de Martens estuvo vigente la Ley
N.° 29971, que estableció una moratoria de cinco años (2012–2017) para la
creación de nuevas universidades, tanto públicas como privadas. En 2017, el
MINEDU aprobó la Resolución Viceministerial N.° 088-2017-MINEDU, que normó la
constitución y el funcionamiento de las comisiones organizadoras de
universidades ya aprobadas por el Congreso.
Años después, el 15 de mayo de 2021, entró
en vigencia la Ley N.° 31193, que impuso una nueva moratoria de un año, con
excepción de las universidades con licencia denegada. Las sucesivas
resoluciones viceministeriales (RVM N.° 244-2021, N.° 055-2022, N.° 053-2023 y
N.° 077-2025) continuaron ajustando ese marco, con énfasis en la dedicación
exclusiva de los integrantes de estas comisiones y al cumplimiento de sus
planes y presupuestos.
Al cierre de agosto de 2025, el Ministerio de Educación reporta 30 universidades públicas con comisión organizadora; de ellas, 15 ya obtuvieron licenciamiento institucional de la SUNEDU, lo que significa que cumplieron las Condiciones Básicas de Calidad (CBC) y están habilitadas para operar plenamente. Las restantes se encuentran en camino de lograrlo. Con la aprobación de las 20 nuevas universidades contempladas en la Ley N.° 32461, el Ministerio deberá constituir otras tantas comisiones y acompañar su trayecto hacia el licenciamiento con recursos, voluntad política y rigor técnico.
El argumento de "no hay
docentes calificados"
El señalamiento más llamativo de Martens fue afirmar que no existen docentes calificados para las nuevas universidades públicas. Es un argumento que suena razonable en abstracto, pero que los propios datos contradicen.
Según la SUNEDU, al 11 de febrero de 2026
hay 105 universidades con licencia institucional vigente en el Perú, 51 son
Universidades Públicas. Todas están habilitadas para ofrecer programas de
posgrado —maestrías y doctorados— dentro de su oferta académica. Si bien muchas
escuelas de posgrado se encuentran aún en proceso de acreditación, el
ecosistema para la formación y cualificación de docentes universitarios existe,
funciona y es considerablemente más robusto que el de hace una década. Sostener
hoy que no hay suficientes profesionales para cubrir una nueva generación de
universidades públicas exige, como mínimo, una evidencia que Martens no presentó.
Hay además un rasgo estructural del mercado
académico peruano que rara vez se nombra con claridad: los docentes circulan.
Los mismos profesores que enseñan en universidades públicas —como la UNMSM, la
UNI o la Villarreal— también dictan en universidades privadas. No es la
excepción; es la norma. El capital académico no distingue entre gestión pública
y privada: fluye donde hay demanda, contratos y condiciones para ejercer.
El caso del actual ministro de Educación,
Erfurt Castillo Vera, lo ilustra sin necesidad de mayor argumentación. Docente
nombrado de la Universidad Nacional Federico Villarreal, trabajó en la
Universidad César Vallejo —institución privada— desde 2014 hasta antes de
asumir el cargo ministerial, según consta en los registros de licenciamiento
institucional. No se trata de una rareza biográfica, sino de un patrón que se
replica en cientos de docentes a lo largo del país.
Lo que el argumento de Martens describe no
es una escasez de talento académico, sino —a lo sumo— un problema de
distribución territorial y de condiciones de contratación. Es un debate
legítimo y necesario, pero es un debate distinto, y merece plantearse con mayor
precisión y honestidad intelectual.
El silencio del ministro de
educación
Hay un actor que brilla por su ausencia en
este debate: el propio ministro del sector Erfurt Castillo Vera. Proveniente de
la Federación Nacional de Docentes Universitarios del Perú (FENDUP), conoce el
sistema universitario público desde adentro, lo que le otorga una legitimidad
que pocos titulares del sector han tenido. Precisamente por eso, su silencio
resulta llamativo. Con apenas cinco meses por delante, el ministro debería ser
el primero en pronunciarse: ¿defiende la creación de las nuevas universidades
públicas? ¿Cuál es su agenda para reivindicar a la universidad pública en lo
que resta de su gestión? La universidad pública no necesita un titular que
administre el silencio mientras otros ocupan el debate.
El caso de la Universidad
Politécnica del Perú
La creación de la Universidad Politécnica
del Perú. Esta institución privada —cuyo vicerrector académico es el exministro
de educación Óscar Becerra— cumplió con las Condiciones Básicas de Calidad
exigidas por la SUNEDU y fue licenciada en 2025 durante la gestión de Morgan
Quero. Martens no cuestionó su creación, no planteó dudas sobre la
disponibilidad de docentes ni sobre la pertinencia territorial de su oferta
académica.
El contraste es revelador. La discusión no
debería girar en torno a una supuesta superioridad de lo privado sobre lo
público. El proceso de licenciamiento de la SUNEDU demostró, con evidencia, que
muchas universidades privadas tampoco cumplían las condiciones mínimas de
calidad. El problema no es la naturaleza jurídica de las instituciones, sino
las condiciones en que se crean y la voluntad de garantizar su sostenibilidad.
El debate universitario merece más
que intuición política
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Cuestionar la creación de veinte universidades sin planificación es un señalamiento válido y necesario. Pero esa crítica gana o pierde credibilidad según quién la formula y desde qué coherencia lo hace. El debate sobre la calidad de la educación superior no puede reducirse a un argumento de tribuna.
Para ser útil, debe partir de un piso
técnico común. Una recomendación para quienes quieran participar en él
—congresistas, exministros, analistas y periodistas—: lean las Condiciones
Básicas de Calidad (CBC) de la SUNEDU y el Modelo de Acreditación para
Programas de Estudios del SINEACE. Intervenir sin conocer esos marcos no es
opinión informada; es intuición sin sustento. Y cuando esa intuición aparece
solo frente a lo público —nunca frente a lo privado—, deja de ser técnica para
convertirse en posición política.
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