¿El que no gana, gritará fraude? Segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sanchez.


Segunda vuelta con cifras claras: Keiko Sofía Fujimori Higuchi (16.958% | 2’595,068 votos) y Roberto Helbert Sánchez Palomino (12.013% | 1’838,329 votos) pasan con más del 90% de actas computadas.












































Por Leonardo Serrano Zapata 

A horas del cierre del conteo, en el Perú ya ensaya sus viejos reflejos: desacreditar el voto que no les gusta y agitar el fantasma del fraude antes de que haya pruebas. Un análisis del escenario que se viene.


















































El resultado todavía no está sellado, pero ciertos sectores ya sacaron su manual de siempre. Apenas los números empezaron a mostrar una tendencia, salieron a escena los de siempre: a cuestionar el voto rural, a insinuar que donde vota el pobre hay algo turbio, que donde gana el del campo hay algo por revisar. El «fraudismo» como reflejo pavloviano. Penoso, como diría cualquier observador honesto.

Seamos claros: si hubo irregularidades, deben investigarse. Con rigor, con peritos, con todas las garantías del proceso legal. No porque lo pida tal o cual candidato, sino porque la legitimidad del resultado es la base de la gobernabilidad. Sin esa base, la variable gobernanza simplemente no existe. Quien llegue a Palacio necesita llegar con un mandato que nadie pueda impugnar con seriedad. Eso le conviene al país, no a un bando.

Dicho esto, los números hablan con bastante claridad sobre la tendencia: el escenario más probable es una segunda vuelta entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori. Rafael López Aliaga parece haber llegado a su techo. No veo de dónde vendría el impulso para revertir la diferencia. Nieto no sube. La sorpresa que lo cambie todo no la veo en los datos.

Entonces, ¿qué esperar de esa segunda vuelta? Primero, observar hacia dónde se mueven los votos de Álvarez y las coaliciones pequeñas. Eso definirá no solo el resultado presidencial sino la composición del Congreso en ambas cámaras, Senado y Diputados. Las alianzas que se tejan en las próximas semanas van a ser decisivas.

El sector de izquierda y centroizquierda ya mostró señales de cohesión. El día de ayer estuvo reunido en el velatorio del profesor Dante Castro, docente de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y candidato al Senado por Juntos por el Perú. Lo conocí en 2013 y desde entonces mantuvimos una relación cordial, principalmente por redes. Era un buen escritor, talentoso, siempre combativo, con esa vocación de usar la ficción como trinchera de rebeldía. Su partida es una pérdida genuina para las letras peruanas. Que su velatorio se haya convertido en un punto de encuentro, sobre todo el momento político que se vive.

Pero volviendo al tablero: el problema de fondo es que ninguno de los dos finalistas tendrá gobernabilidad fácil. Si gana Sánchez, enfrentará una oposición compacta: Keiko, López Aliaga, Álvarez y sus respectivos bloques en ambas cámaras. Tendrá que seducir a Nieto, negociar con sectores de centro representado por Chau y Belmont, construir mayorías donde hoy no las tiene.

Si gana Keiko, el sur y las zonas rurales que no la votaron no van a quedarse callados. Las organizaciones sociales tienen memoria y tienen capacidad de movilización. Las huelgas y pronunciamientos no son hipótesis, son historia reciente.

Y Keiko tiene un problema adicional de su propia cosecha: si mantiene el discurso de «los rojos», «la izquierda», «el peligro», va a tener dificultades para construir el consenso nacional que cualquier gobierno necesita para funcionar. Gobernar desde la trinchera es posible por un tiempo, pero caro a la larga.

En cuanto a Lima, el tablero municipal también merece atención. La alcaldía puede ser un factor de estabilización o de presión, según quién la controle y con qué agenda.

Los sectores populares de Lima, conservadores en lo social pero sensibles en lo económico, no son fáciles de leer con una sola variable. Podemos y Renovación los han trabajado mejor que otras fuerzas. Obras de Ricardo Belmont podría ocupar la posición de antagonista y sorpresa en la elección por el municipio de Lima. Eso no es un dato menor para quien quiera construir poder territorial en la capital.

El plato está servido para la segunda vuelta. Todos a las mesas de sufragrio.



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