La huella visible de la ministra de educación María Esther Cuadros Espinoza: la amiga de Dina en el CNE y normas que castigan el mérito docente en el ascenso 2025 y 2026.
Mientras el discurso oficial celebra al
maestro, las normas firmadas por la propia ministra borran años de formación
académica y premian la cercanía política sobre el mérito.
Por Leonardo Serrano Zapata.
La ministra María Esther Cuadros Espinoza escribió el 25 de abril en El Comercio que «detrás de cada profesional [...] hubo una persona que creyó primero». Tiene razón. Pero miles de docentes en el Concurso de Ascenso 2025 y 2026 necesitamos preguntarle: ¿qué ocurre con quienes no solo creyeron primero, sino que también estudiaron primero? Sus propias normas los penalizan por exactamente eso.
Cuando la hoy ministra ejercía como
viceministra de Gestión Pedagógica, propuso en marzo de 2025 a Alfredo León
Sánchez, director de la Oficina Nacional de Educación Católica (ONDEC) para el
CNE, pese a que Judy Rivas O'Connor contaba con mayor mérito documentado. Meses
después propuso a Mery Tairo Urbano —reconocida por la propia presidenta Dina
Boluarte como su amiga y compañera de estudios en Calhuanca, Apurímac— en una
convocatoria donde fue la única postulante. Una convocatoria a medida: única
candidata, único resultado. ¿Dónde quedó el mérito ministra?
Hoy, el grupo de trabajo para renovar el CNE
2026-2029, presidido por su principal asesor, constituido mediante RM N.°
226-2026-MINEDU el 14 de abril, lleva once días sin lanzar convocatoria alguna.
La huella del mérito en esa selección todavía no ha quedado registrada.
Desvalorización del docente
Como se observa en el cuadro comparativo, la
RVM N.° 048-2025-MINEDU —suscrita por ella misma— establece que los títulos
de segunda especialidad y otros títulos de profesor o licenciado en educación
de los docentes pertenecientes al Ministerio de Educación, solo otorgan
puntaje si fueron obtenidos con posterioridad al
nombramiento. Esta restricción no es uniforme. Los
docentes del Ministerio de Defensa y del Ministerio del Interior, bajo las RVM
N.° 126-2025-MINEDU y N.° 121-2024-MINEDU —también suscritas por la actual
ministra—, ven parcialmente reconocida su formación profesional.
Sin embargo, también enfrentan una
limitación en la valoración de sus méritos, ya que no se les reconoce el
título de profesor o licenciado en educación dentro del subcriterio 1.2
“Otros estudios de educación superior”. En consecuencia, estos docentes no
pueden acreditar este tipo de formación, ni antes ni después de su
nombramiento, lo que restringe sus posibilidades de obtener puntaje en la
evaluación de su trayectoria profesional.
El resultado es un sistema con tres
ventanillas y criterios distintos para una sola ley —la Ley N.° 29944—, lo que
vulnera el artículo 26 de la Constitución: igualdad ante la ley e igualdad de
oportunidades en las relaciones laborales.
La propia Ley de Reforma Magisterial, en su
artículo 2 literal c, exige que los ascensos se fundamenten en el mérito y la
capacidad, sin distinguir entre formación previa o posterior al nombramiento.
Si la ley es una, los criterios deberían serlo también.
Debe añadirse que el puntaje de este
subcriterio ya retrocedió: de cuatro puntos con la RVM N.° 145-2024-MINEDU a
tres con la N.° 048-2025-MINEDU. Un recorte silencioso ante el que los
sindicatos docentes no emitieron pronunciamiento alguno.
Dignificar no es solo escribir en El Comercio
La
ministra pide que «el país vuelva la mirada hacia sus aulas». Le hacemos la misma petición: vuelva la mirada
hacia los expedientes de sus docentes —como el Expediente MPD2026-EXT-0388081,
que aguarda respuesta en su despacho— y corrija una distorsión normativa que
borra el esfuerzo de quienes, antes de ser nombrados, ya nos preparábamos para
servir al Perú.
Usted conoce ese camino, señora ministra. Viene de la histórica Escuela Normal y ha transitado los pasillos del MINEDU lo suficiente como para saber lo que significa pedir que el mérito propio sea reconocido. Ese mismo reconocimiento que hoy sus normas les niegan a miles.
Dignificar al maestro no se agota en
entregar Palmas Magisteriales ni en publicar columnas sobre su entrega
silenciosa. Es respetar la meritocracia sin restricciones arbitrarias y
reconocer que el mérito no nace con una resolución de nombramiento: se construye
con cada libro leído, cada diplomado cursado y cada especialidad alcanzada.
Porque en educación, como en la justicia que
su propio discurso reclama, el mérito no debería tener fecha de
caducidad.
Cuando los docentes noten sus huellas,
buscarán su rastro.
#MéritoDocente
#Noaladiscriminacióndocente
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