El Consejo Nacional de Educación: la institución que los candidatos ignoran
Los planes de gobierno de los 35 partidos ignoran al CNE, cuya composición vence a finales de 2026. Una de sus consejeras es docente del distrito natal de Dina Boluarte, nombrada en circunstancias que el Ministerio de Educación de Morgan Quero nunca explicó.
Por Leonardo Serrano Zapata
En plena campaña electoral, con 35 partidos políticos que han presentado sus planes de gobierno, destaca con fuerza una ausencia: ninguno aborda el futuro del Consejo Nacional de Educación (CNE). Lejos de ser un organismo secundario, el CNE es el principal ente técnico encargado de formular y dar seguimiento al Proyecto Educativo Nacional.
Una institución que sesiona, propone y convoca
El CNE no es una entidad decorativa. Se reúne
al menos dos veces al mes para debatir las principales políticas educativas del
país, es responsable de redactar y actualizar el Proyecto Educativo Nacional
—hoy vigente hasta 2036— y acompaña los proyectos educativos regionales en todo
el territorio.
Esa relevancia hace aún más llamativa la
indiferencia de la clase política. Una revisión exhaustiva de los planes
de gobierno revela que el CNE, sus mecanismos de renovación y su futuro
institucional brillan por su ausencia. Las únicas referencias encontradas
aluden, de forma tangencial, al principal instrumento técnico del Consejo: el
Proyecto Educativo Nacional al 2036 (PEN 2036).
Entre los escasos partidos que lo mencionan
destacan el Frente de la Esperanza (Fernando Olivera), que declara asumir
explícitamente las propuestas del CNE como base de su gestión educativa, y
Ahora Nación (Alfonso López Chau), que alinea sus estrategias al PEN 2036. El
Partido Aprista (Enrique Valderrama) va un paso más allá al proponer extender
ese horizonte de planificación hasta 2046. Sin embargo, ninguno responde la
pregunta de fondo: ¿qué harán con el propio Consejo? ¿Quién será su próximo
presidente? ¿Cómo se definirá su composición?
Una gestión que concluye entre sombras
El CNE atraviesa un momento institucional
delicado. El mandato de sus actuales consejeros, iniciado en 2023, vence a
finales de 2026, salvo que la ministra de Educación, Esther Cuadros Espinoza,
decida modificar la normativa sobre los plazos o la forma de designación de sus
integrantes, tal como lo hizo en su momento el exministro Óscar Becerra.
El Consejo está presidido por Luis Guillermo Lescano Sáenz, exdirector del Sineace. Entre sus miembros figuran dos exministros de reconocida trayectoria: Idel Vexler Talledo y Grover Pango Vildoso. Completan el cuerpo, entre otros, Lieneke Schol, expresidenta de la Cámara de Comercio Americana del Perú (Amcham) y directora de la UPC; Lida Violeta Asencios Trujillo, vicepresidenta del CNE y docente de la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle; Jorge Chávez Escobar, director de la Escuela de Posgrado de Senati; y Mery Tairo Urbano.
El CNE existe para ser la conciencia crítica e
independiente de la educación peruana. Sus propios consejeros lo reafirman en
cada sesión: «El Consejo vale porque es autónomo, porque no responde a
presiones políticas, porque sus miembros llegan por mérito y trayectoria». Sin
embargo, la designación de Mery Tairo Urbano —amiga de la entonces presidenta
Dina Boluarte— no generó pronunciamiento público alguno entre sus colegas, lo
que abre una pregunta incómoda: ¿fue el mérito o la cercanía el criterio que primó?
La designación que nadie quiso explicar
El portal El Foco documentó la
incorporación de Tairo Urbano en circunstancias que el entonces gobierno de
Boluarte, el Ministerio de Educación y la propia designada nunca aclararon.
Tairo Urbano es docente y directora de la institución educativa Micaela
Bastidas de Chalhuanca, en la provincia de Aymaraes (Apurímac), distrito natal
de la expresidenta, con quien compartió aula durante su etapa escolar. La
propia Boluarte lo reconoció públicamente en una visita oficial a Chalhuanca en
diciembre de 2024: «La directora era mi compañera de salón. Estudiamos
juntas».
Según la información difundida por el
periodista José Carlos Pérez, el proceso de selección presentó diversas
irregularidades. La convocatoria para reemplazar a la exconsejera María Isabel
León Klenke —quien renunció el 23 de mayo de 2025— estuvo abierta apenas tres
días, del 9 al 11 de junio. Según documentación oficial, su currículo fue
ingresado al Minedu a las cinco de la madrugada del 10 de junio. La única
postulante inscrita fue la propia Tairo Urbano, quien se autopropuso pese a que
la norma exige que los candidatos sean presentados por actores vinculados a la
comunidad educativa.
Para viabilizar esa candidatura, el comité evaluador —integrado por la entonces viceministra María Esther Cuadros Espinoza, hoy ministra de Educación, la viceministra Cecilia García Díaz y la actual secretaria general Lorena Gavilano Iglesias— según el informe periodístico habría modificado en sesión del 6 de junio un requisito clave: la experiencia profesional exigida pasó de ser "no menor de 10 años contados desde la fecha de inscripción del título en Sunedu" a "no menor de 10 años, en general". El cambio no era menor: Tairo Urbano es egresada de un instituto pedagógico y no cuenta con título universitario registrado en Sunedu. Según su propia hoja de vida, se encontraba regularizando su bachillerato en Educación al momento de la designación.
Fue la hoy ministra de Educación Esther Cuadros
Espinoza quien validó y propuso su designación según consta en el OFICIO N°
0045-2025-MINEDU/VMGP de fecha 16 de junio de 2025 en calidad de viceministra
de gestión pedagógica.
Posteriormente el exministro Morgan Quero fue quien formalizó su designación mediante la RM N.° 265-2025-MINEDU, del 19 de junio de 2025: «Designar a la señora Mery Tairo Urbano como miembro del Consejo Nacional de Educación para completar el periodo 2023-2026».
Entre julio de 2025 y febrero de 2026, Tairo
Urbano percibió, según documentos oficiales, más de S/ 30,000 en dietas por su
participación en el CNE, sin dejar de recibir su remuneración como directora
nombrada del colegio Micaela Bastidas. En ese período participó en 15 sesiones
plenarias y una ausencia justificada, los peruanos pagamos mensualmente, una
dieta promedio de S/ 2,006.25 por sesión en 2025 y S/ 2,062.50 en 2026. Esto no
constituye una irregularidad en sí mismo, pero el contexto del nombramiento
genera interrogantes legítimas sobre los criterios de selección aplicados y,
sobre todo, sobre su escaso aporte como consejera.
El
silencio cómplice
El próximo gobierno heredará un CNE cuyo mandato vence a finales de 2026. El silencio de los partidos que encabezan las encuestas electorales —Renovación Popular (Rafael López Aliaga, 11.2%), Fuerza Popular (Keiko Fujimori, 10.1%), Ahora Nación (Alfonso López-Chau, 6.6%), Partido del Buen Gobierno (Jorge Nieto, 3.9%), País para Todos (Carlos Álvarez, 3.5%), Alianza para el Progreso (César Acuña, 3.2%) y Juntos por el Perú (Roberto Sánchez, 3.1%), a los que se suma Podemos Perú (José Luna Gálvez, con cifras que oscilan entre 2% y 3% según distintas mediciones)— ante la designación cuestionada de Tairo Urbano alimenta una preocupación legítima: que el CNE continúe siendo utilizado como espacio de recompensa política antes que como institución técnica y meritocrática.
En sus manos podría estar la decisión de cómo renovar esta institución: si fortalecerán sus mecanismos de designación, si garantizarán su autonomía frente al poder de turno o si simplemente la ignorarán, como ya lo han hecho en sus planes de gobierno.
Una posición que, en todo caso, los partidos tendrán la oportunidad de explicitar en los debates presidenciales del 30 y 31 de marzo y 1 de abril. El Consejo Nacional de Educación es el principal custodio del proyecto educativo de largo plazo del país. Que ningún candidato tenga algo que decir sobre él no es un olvido menor. Es, en sí mismo, un diagnóstico.
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