Más de 8 millones de peruanos sin educación básica: las propuestas de los candidatos para cerrar la brecha y fortalecer los CEBA.
En la antesala de los debates electorales del 30 y 31 de marzo y 1 de
abril, en los que se abordarán temas como educación, las propuestas de los
candidatos buscan reducir la deserción escolar, impulsar la alfabetización y
fortalecer los CEBA; sin embargo, persisten dudas sobre su viabilidad y su
alcance real.
Por Leonardo Serrano Zapata
Los candidatos a la presidencia tendrán una última oportunidad para
dirigirse al país en el marco de los próximos debates electorales. En este
contexto, será fundamental que definan con claridad sus prioridades para
reducir la brecha de deserción escolar en el país.
La deserción escolar en el Perú: una emergencia silenciosa
Rosa tiene 32 años. Vive en las alturas de
Puno, trabaja como ayudante de cocina en turnos rotativos y es madre soltera de
dos hijos. Cuando ellos duermen, ella abre sus cuadernos —los suyos, no los de
sus hijos—. Nunca terminó la secundaria, pero hace dos años decidió retomar sus
estudios y se matriculó en un Centro de Educación Básica Alternativa (CEBA) de
su localidad, donde actualmente cursa el segundo grado del ciclo avanzado en
modalidad semipresencial, asistiendo los sábados y domingos.
Rosa no es un caso aislado. Es el rostro
humano de una cifra que pocos políticos mencionan con la urgencia que merecen:
más de 8 millones de peruanos mayores de 15 años no concluyeron la educación
básica. Y mientras esa brecha persiste, la Educación Básica Alternativa —la
modalidad diseñada precisamente para ellos— sigue teniendo un alcance limitado:
en 2025, según el Minedu, solo se matricularon 180.000 personas, apenas el
2,43% de la demanda nacional.
La Estrategia Crecer: una respuesta concreta,
pero todavía frágil
Tres años después de la pandemia, un número
significativo de estudiantes aún no ha regresado a las aulas. Frente a ello, el
Ministerio de Educación dio un primer paso concreto —aunque poco difundido—:
mediante la Resolución Viceministerial N.° 015-2026-MINEDU, aprobada la
denominada Estrategia Crecer.
La medida está dirigida a estudiantes con dos
o más años de atraso respecto a su edad normativa: niños de 10 a 13 años que se
incorporan al nivel primaria, y adolescentes de 14 a 18 años en nivel
secundaria, conforme a los criterios establecidos en la Resolución Ministerial
N.° 010-2026-MINEDU. Sin una intervención oportuna, muchos de ellos abandonarán
el sistema sin obtener un certificado de conclusión de la educación básica.
La lógica de la estrategia es tan simple como
audaz: en lugar de repetir el mismo grado año tras año, estos estudiantes
avanzan dos grados en un solo año escolar dentro de aulas especializadas
denominadas "Aulas Crecer", con docentes capacitados, materiales
diferenciados y un enfoque pedagógico de aceleración del aprendizaje.
No se trata de un programa para jóvenes y
adultos como Rosa. La Estrategia Crecer interviene en el momento exacto en que
el abandono comienza a gestarse: la niñez tardía y la adolescencia. Su piloto
2026 contempla escuelas focalizadas en Lima Metropolitana, Loreto y Ucayali
—regiones con alta concentración de estudiantes en rezago— e incorpora un
enfoque intercultural bilingüe donde corresponda.
Sin embargo, su alcance limitado a
instituciones focalizadas genera una pregunta inevitable: ¿impulsará el
gobierno de José María Balcázar y la gestión de la ministra de Educación Esther
Cuadros Espinoza su expansión nacional, o habrá que esperar al siguiente
gobierno? En un contexto donde las decisiones presupuestales son determinantes,
un crédito suplementario aprobado por el Congreso podría marcar la diferencia
entre un buen piloto y una política pública de verdadero impacto.
Está dirigida para estudiantes con dos o más años de atraso respecto a su
edad normativa de entre 10 y 13 años que se incorporan al nivel primaria, y de
14 a 18 años al nivel secundaria, De acuerdo con la Resolución Ministerial N.°
010-2026-MINEDU, que regula la matrícula escolar 2026, se establecen estas
edades como referencia.
Los CEBA: una vacuna contra la deserción que nadie promociona
En el Perú, todo ciudadano mayor de 14 años
que no haya concluido la educación primaria o secundaria puede reinsertarse en
el sistema educativo, culminar sus estudios y obtener un certificado oficial
que le abra las puertas de la educación superior. Esta oportunidad existe a
través de los 1,440 Centros de Educación Básica Alternativa (CEBA)
distribuidos a nivel nacional.
Para mayores de 14 años, la primaria se
desarrolla en el ciclo Inicial–Intermedio (cuatro grados) y la secundaria en el
ciclo Avanzado (cuatro grados), ambas en modalidad presencial. Quienes no
concluyeron la secundaria —especialmente mayores de 18 años— pueden optar por
las modalidades semipresenciales o a distancia, que permiten avanzar hasta dos
grados por año.
Por ejemplo, un estudiante mayor de 18 años
que se matricule en el primer grado del ciclo avanzado en las formas de
atención semipresencial o distancia en el CEBA Teresa González de Fanning, en
Jesús María, podría obtener su certificado oficial en aproximadamente dos años
y continuar estudios superiores.
Sin embargo, este esfuerzo enfrenta serias
limitaciones. El presupuesto asignado para 2026 se redujo en aproximadamente S/
46,805 respecto al año anterior. La meta de atención también disminuyó,
afectada por la falta de estrategias efectivas de captación. Y según el Minedu,
solo se cuenta con presupuesto para atender a 11.200 estudiantes
en programas de alfabetización, frente a los más de 1,3 millones de
personas —cerca del 5,6% de la población mayor de 15 años, según el
INEI— que aún no saben leer ni escribir.
El problema más crítico, sin embargo, es la
invisibilidad. Las aulas están casi vacías frente a una brecha enorme. Y todo
indica que el Estado invierte muy poco en promover esta modalidad. Los medios
de comunicación y las redes sociales podrían ser aliados clave, pero solo si
hay presupuesto y una estrategia de difusión que los respalde.
Propuestas presidenciales: ¿soluciones reales o discurso de campaña?
Los candidatos a la presidencia tendrán una
última oportunidad para dirigirse al país antes de las elecciones. Según la
encuesta más reciente de CPI, Rafael López Aliaga (Renovación Popular), con
11.2%, y Keiko Fujimori (Fuerza Popular), con 10.1%, lideran la intención de
voto. En un segundo grupo, Alfonso López Chau (Ahora Nación), Jorge Nieto (Buen
Gobierno), Carlos Álvarez (País para Todos), Roberto Sánchez (Juntos por el
Perú), César Acuña (Alianza para el Progreso) y José Luna Gálvez (Podemos Perú)
registran cifras de entre 3.0% y 3.9%. En este contexto, será determinante que
cada candidato defina con claridad sus prioridades para reducir la brecha de
deserción escolar.
Varios planes de gobierno abordan la
deserción y el analfabetismo desde ángulos distintos, pero complementarios.
Estas son las principales apuestas de los candidatos a la presidencia del Perú:
Una de las metas más ambiciosas es la de Juntos
por el Perú, liderada por Roberto Sánchez, que plantea reducir
el analfabetismo al 0%. ¿Meta viable o difícil promesa de sostener?
El problema, como ya vimos, no empieza
cuando los adultos deciden retomar sus estudios. Empieza mucho antes: cuando el
sistema educativo no logra identificar a tiempo a los estudiantes en riesgo ni
actuar antes de que se vayan. La pobreza y el embarazo adolescente siguen
siendo los factores más determinantes en ese proceso de exclusión.
Rosa llegó al sistema cuando ya era adulta.
Nadie intervino cuando tenía 13 años y dejó la escuela para trabajar. No hubo
alerta temprana, beca, tutor ni aula flexible que evitara su salida.
La Estrategia “Crecer” parece reconocer que el atraso escolar no es un problema de voluntad individual, sino el resultado de un sistema obsoleto. Pero su implementación depende del presupuesto disponible, de la gestión regional, de la infraestructura escolar y de la reasignación docente. Es, en suma, una buena política con un andamiaje todavía frágil.
Esta estrategia podría evitar que otros
estudiantes repitan la historia de Rosa. Lograrlo, sin embargo, exige más que
buenas intenciones: requiere financiamiento, docentes capacitados y una
voluntad política que trascienda el calendario electoral.
Trazar metas para la campaña es importante.
Pero más importa saber cómo se alcanzarán, quién las financiará y qué pasará
con los millones que ya quedaron atrás.
Porque la educación no espera. 8 millones de ciudadanos —y electores— sin educación básica, tampoco.
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