Fuerza Popular en el poder, los maestros de la Escuela de Educación Superior Pedagógica Pública Monterrico en el limbo: la deuda educativa que el Congreso puede saldar.
Los docentes de la EESPP Monterrico, a pesar de la existencia de la ley, no perciben el aumento prometido en la Ley 32148.
Hay una forma muy peruana de reformar: con fanfarria legislativa, discursos de altura y decretos que huelen a grandeza. El problema no está en la promesa. Está en lo que ocurre después, cuando el Estado debe honrarla y descubre, convenientemente, que no tiene prisa.
Eso es exactamente lo que ocurre hoy con los
docentes de la Escuela de Educación Superior Pedagógica Pública Monterrico. Una
historia pequeña, dicen algunos. Una historia de maestros que forman maestros y
que, sin embargo, el propio Estado se niega a reconocer plenamente.
Todo comenzó con la Ley N.° 30512, esa reforma
que transformó los institutos pedagógicos en Escuelas de Educación Superior con
rango equivalente al universitario. El Estado elevó las exigencias:
investigación, licenciamiento, acreditación, grados de bachiller. El discurso
fue impecable. Pero en algún pasillo del Ministerio, alguien decidió que elevar
las instituciones no implicaba, necesariamente, elevar a quienes las sostenían.
Así nació una de las paradojas más ilustrativas de nuestra burocracia contemporánea:
docentes con obligaciones universitarias y sin remuneraciones universitarias.
El Decreto Supremo N.° 010-2017-MINEDU
perfeccionó ese limbo al crear una carrera pública especial, diferente a la
universitaria. Una categoría propia, sí, pero inferior en beneficios. Como si
la dignidad del trabajo intelectual se midiera no por lo que se hace, sino por
el casillero burocrático donde el Estado decide colocarte.
Luego llegó la Ley N.° 32148 con su numeral
2.2, que prometió una remuneración mensual equivalente para los docentes de la
EESPP Monterrico y la protección de que ningún docente ganaría menos que antes.
Sonó a justicia. Sonó a reparación. Pero las leyes en el Perú tienen una
peculiaridad: necesitan reglamentos, decretos, normas complementarias y
voluntad política para convertirse en realidad. Y es precisamente ahí donde el
Ministerio de Educación y el de Economía muestran su talento más refinado: la
parálisis estratégica. El arte de aprobar sin ejecutar. De prometer sin
cumplir.
En abril de 2026, la ministra anunció el
aumento de remuneraciones para los docentes de institutos y escuelas
pedagógicas. El Decreto Supremo N.° 047-2026-EF lo hizo parcialmente posible.
Parcialmente. Porque los efectos previstos en el numeral 2.2 respecto de los
docentes de Monterrico, particularmente el cálculo del diferencial y la
compensación extraordinaria transitoria, siguen sin norma complementaria que
los haga operativos. El Estado, en su generosidad característica, reconoció el
problema y no lo resolvió.
Mientras tanto, el Congreso avanza con paso
lateral. El 12 de mayo, la Comisión de Educación aprobó con 21 votos el
dictamen que dispone la categorización extraordinaria de los docentes nombrados
de Monterrico, incorporándolos a la segunda y tercera categoría según sus años
de servicio. Un paso real. Pero un paso que no reemplaza la deuda remunerativa
pendiente. Categorizar sin remunerar es, otra vez, la lógica del símbolo sobre
la sustancia.
La solución existe y no es un secreto de
Estado: modificar la Ley 30512, establecer una homologación progresiva o crear
un régimen especial con remuneraciones equivalentes al sistema universitario.
Lo que falta es la decisión política.
Bolívar escribió en 1829 que América estaba
atrapada entre líderes ensimismados en sus apetitos y pueblos para quienes la
república no significó nada. Dos siglos después, los docentes que forman a los
futuros maestros del Perú podrían suscribir esa carta con amarga familiaridad.
La república les prometió reconocimiento. Les entregó un dictamen sin prioridad
en el pleno, con el mensaje implícito de siempre: quizás en el próximo
parlamento.
Salvo que
muestren una actitud más decidida en el parlamento presidido por Fernando
Rospigliosi —de Fuerza Popular, agrupación que hoy disputa la segunda vuelta
presidencial con Keiko Fujimori— en favor de los docentes, no solo de
Monterrico.
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