En medio de los cuestionamientos que enfrenta el actual ministro de Educación, aún no se oficializa la salida de Sandra Inés Ramírez Méndez, viceministra de Gestión Institucional. No obstante, fuentes internas de la cartera revelaron a este medio que la funcionaria ya presentó su carta de renuncia, motivada por las presiones ejercidas por el propio titular del sector.
Por Leonardo Serrano Zapata
En plena transferencia de gestión hacia el nuevo gobierno de
derecha liderado por Keiko Fujimori, el ministro Jorge Marticorena —de
profesión odontólogo y sin experiencia previa en el sector educativo— parece
empeñado en prescindir de los cuadros técnicos que mejor conocen la
administración del ministerio. Su equipo considera que puede conducir este
proceso sin el respaldo de quienes han sido piezas clave en la gestión, una
decisión que luce más cercana al capricho político que a un criterio técnico.
La eventual salida de Ramírez Méndez refleja así un clima de incertidumbre y reacomodo
interno, justo en el momento más delicado del cambio de gobierno.

Todo esto ocurre pese a que la gestión encabezada por José María Balcázar y Jorge Marticorena habría hecho caso omiso al pedido de los emisarios de la nueva administración entrante de Keiko Fujimori, quienes solicitaron no realizar cambios ni nuevas designaciones durante la transferencia. En los últimos días, sin embargo, se registran movimientos que apuntarían a una reconfiguración del equipo directivo.
Llama la atención que, hasta el momento, el ministro no haya pedido la renuncia del secretario general, Ebert Ordinola Ramírez, funcionario sobre quien también recaen cuestionamientos por la forma en que accedió al cargo, particularmente por observaciones sobre la validez oficial de los diplomados que consignó. Este punto abre interrogantes sobre integridad y transparencia institucional, principios que deberían regir el acceso a los más altos cargos de la administración educativa.
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