Educar para convivir no es solo sancionar.

Por Leonardo Serrano Zapata.

La educación es política: define qué ciudadanos queremos, pero no todos llegan a la escuela con las mismas oportunidades de aprender a convivir. Por eso importa discutir los planteamientos de la RM N.° 613-2026-MINEDU, “Lineamientos para la gestión de la disciplina escolar”. Sin embargo, como advierte el exministro de Educación Idel Vexler, la norma deja fuera la evaluación formativa.

Tiene razón. Si la escuela no sabe en qué punto está cada estudiante, no puede retroalimentar. No hay curva de aprendizaje sin punto de partida: hay que medir, acompañar, ajustar y volver a retroalimentar. Sin ese acompañamiento solo queda la sanción, y directivos, docentes y auxiliares terminan como instructores con su papeleta.

La disciplina escolar impuesta sin acompañar produce obediencia momentánea, no convicción. Quien deja de agredir por temor al castigo no ha aprendido a convivir; ha aprendido a evitar que lo descubran.

Y aquí entra la lógica formativa de Vexler. La disciplina escolar no debería “desaprobarse” de golpe al final del año. Desde que aparecen indicadores de que el estudiante no alcanzará el nivel esperado, la escuela debe actuar con acciones preventivas, proactivas y reparativas.

Así como existen situaciones significativas para demostrar el desarrollo de una competencia, aquí tendría que haber situaciones restaurativas que permitan mejorar la calificación: reparar el daño, mediar, asumir compromisos verificables.

Solo si, tras ese acompañamiento sostenido, la competencia sigue sin lograrse, el caso pasaría al comité de bienestar para decidir las medidas finales.

Es, además, una cuestión de equidad. Quienes tienen menos soporte familiar dependen de que la escuela les enseñe lo que otros aprenden en casa. Eso exige, entre otras cosas, garantizar en los 1440 CEBA públicos las dos horas de tutoría que ya tiene la EBR.

La consulta tampoco define cuántos puntos se descuentan por falta leve, grave o muy grave, si se parte de 20 y se resta, cómo se promedian los períodos para obtener el promedio anual, ni quién califica, cómo y cuándo.

Finalmente, Vexler plantea que la conducta se exprese en niveles: “Destacada (AD), Satisfactoria (A), Progresando (B) y Deficiente (C)”. Observa el criterio del gobierno, que considera desaprobatoria una nota menor a 11, lo que deja entender que “10.5 sería buena conducta y 10.4, mala”.

Una norma sin formación es una papeleta, y una escuela que solo multa no está educando.

(Columna publicada en Diario Uno, 14 de octubre, 2026)


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